sábado, 26 de abril de 2014

SIN MIEDO AL REFERENDO

Julio de 2013 y el día de la marmota en Cataluña se confirma jornada tras jornada, año tras año, pero lejos de significar un equilibrio de fuerzas, lejos de suponer un stand byen el que los diferentes actores políticos aguardan aletargados a que las condiciones sean las más adecuadas para entrar en batalla, sin que los contendientes obtengan beneficio alguno de la espera, camina hacia todo lo contrario. El nacionalismo sabe moverse muy bien, siempre ha sido así y siempre lo será, dado que es capaz de despertar el sentimiento ancestral de pertenencia a la tribu dejando que el proselitismo pseudoreligioso haga el resto. De esta manera, el no hacer nada le otorga toda la ventaja y el hacerlo por el camino de atrás tomando decisiones mediante imposiciones sin justificar ni explicar, por muy legales que sean, le encamina hacia la victoria de las ideas.
Así que los que defendemos la nación española plural como una sociedad de ciudadanos libres e iguales, sin distinción de raza, sexo, religión, condición o lengua, debemos plantar cara y hacerlo ya, porque el método Rajoy consistente en esperar a que las cosas se solucionen por sí mismas, en este caso no sirve (si es que sirve en alguno) y nos aboca directamente a la derrota de la razón. La batalla de las ideas no la podemos perder si luchamos por el marco mental en el que se desarrollan. Lakoff ya lo explicaba muy bien en su No pienses en un elefante, tan de moda hace unos años entre nuestros políticos: jugar en el marco mental del rival supone dejarse arrastrar por la corriente con dos palitos como remos.
Nuestro marco mental actual ha sido dirigido y establecido por un personaje siniestro para la convivencia como ha sido y es Jordi Pujol, y ha sido desarrollado por los diferentes líderes nacionalistas durante casi 40 años con gran maestría. No le negaremos al enfermo mental la intensidad de sus obsesiones y las consecuencias del seguidismo de las mismas. Este esquema de pensamiento, básico y pueril, se basa en dos premisas fáciles de entender:
1) Cataluña es una nación milenaria pacífica invadida por los malvados colonizadores españoles que no nos dejan desarrollarnos como pueblo.
2) Cataluña es una nación emprendedora que podría ser más rica si no fuera por el parasitismo español decadente.
Y estos dos conceptos se adornan con una simbología atrayente basada en la lengua, las múltiples formas de la bandera, el folklore, el Barça y otros variados elementos que configuran una realidad absolutamente monocolor. Todo ello apoyado por una maraña de asociaciones multidisciplinares hipersubvencionadas que encuentran en unos medios de comunicación completamente dependientes del poder de turno y una escuela pensada para el adoctrinamiento, las vías más adecuadas para imponer una visión única de una realidad, pese a todo, asombrosamente plural. No olvidemos tampoco el trabajo en sentido contrario basado en el desprestigio y la anulación sectaria del malvado enemigo español y toda la simbología que lo acompaña.
Todo esto ha ido calando como una persistente lluvia fina en la conciencia colectiva catalana y en un momento como el actual de grave crisis económica e institucional ha salido a la luz en forma de masas uniformadas deseosas de llegar a su paraíso de 72 vírgenes. Y en Madrid se han sorprendido ante la envergadura de la situación y se debaten entre la autoflagelación tan típica de nuestra nación o la imposición legal y militar que, como antes explicaba, no aporta nada a la batalla de las ideas que más tarde o más temprano es la que se lleva el gato al agua. Y aquí es cuando uno se pregunta si en la capital no se enteran de nada porque no quieren, porque ese es el nivel político existente o porque están tan inmiscuidos en sus sórdidas corruptelas que no les queda tiempo para más. Sea como sea, cada vez se hace más evidente quesomos los propios catalanes que no comulgamos con el totalitarismo del nacionalismo y su componente racista y clasista los que debemos coger la sartén por el mango y cambiar las tornas de esta trágica situación. Para ello debemos acometer la batalla por el marco mental de la población sin más dilación. Hay que reconocer el gran trabajo hecho por parte de Ciudadanos, desde su nacimiento en 2006, para desmontar el mito nacionalista, pero sin la sociedad civil, sin la implicación de la parte no subvencionada de la sociedad, esta lucha está sentenciada y no a favor del logos precisamente.
Aún estamos a tiempo si somos capaces de dar la vuelta a sus patéticos eufemismos. De esta manera, no son independentistas, son separatistas, ¿por un país de todos, escuela en catalán o por una escuela de todos educación bilingüe? ¿Derecho a decidir, o derecho a dividir? ¿Nacionalismo de izquierdas u oxímoron alejado de la verdad? ¿Solidaridad o racismo? ¿Deseos de libertad o justificación para el sometimiento? ¿Igualdad o defensa de los privilegios? ¿Superioridad catalana o racismo hispanófobo? ¿La bandera separatista que anula al 50% o más de la población está bien vista pero la bandera española constitucional que no excluye a nadie es fascista? ¿Catalanismo es guay y españolismo es facha?
Únicamente desentrañando sus mantras forjados a fuego durante años, desenmascarando la maldad de sus afirmaciones categóricas y por tanto ganando la batalla de los esquemas mentales en los que se juega la partida política podremos plantar cara a esta deriva de enajenación de la masa de impredecibles consecuencias. O espabilamos en crear alternativas, en generar ideas y dejar de remar en el río dispuesto maquiavélicamente por el excluyente y sectario nacionalismo orgánico o el escenario que nos prepara el neofeudalismo separatista es el de preparar las maletas, al menos los que no lo tenemos nada fácil para ser y ejercer como disidentes. Ya no vale mirar para otro lado, el lobo se ha colado en la casita de las ovejas y está preparando la parrilla y el carbón.
¿Queréis hacer un referendo separatista?
Tras sentar las bases introductorias de la batalla por el marco mental, pasaremos ahora a un ejemplo de aplicación práctica de la misma. Y que mejor para esta empresa que empezar con el derecho a decidir, siendo este el eufemismo más manido y de mayor éxito del separatismo, que se ha colado en el imaginario mental de ciudadanos, partidos políticos y medios de comunicación a nivel regional y nacional, salvo contadas excepciones. Esta batalla simbólica la ha ganado el nacionalismo, por mucho que insistamos en que ese supuesto derecho a decidir no existe, o que las leyes no lo permiten, o que en realidad es una mentira que encubre las ansias de exclusión de una parte de la sociedad por la otra, más motivada, concienciada,obsesionada y activa. Seguiremos a rebufo si negamos la evidencia, jugando a defendernos, lo que normalmente lleva siempre a la derrota.
Así que pasemos al ataque, ¿queréis hacer un referendo separatista? Pues hagámoslo, pero no con vuestras condiciones, dado que este hecho supone vulnerar la Constitución y por tanto la modificación de múltiples leyes y poner patas arriba el sistema institucional. Estudiaremos en profundidad cómo hacerlo de tal manera que cuatro décadas de manipulación a través de la educación, los medios de comunicación y el entramado asociativo subvencionado no vulneren el supuesto deseado equilibrio que todos los contendientes deberían perseguir si realmente lo que quieren es que todos podamos decidir en igualdad de condiciones. Lo que en lenguaje pedagógico llamaríamos poner límites. Y es que no hay nada más adecuado para las pretensiones sentimentales, legítimas pero pueriles, que la pedagogía. Si tratamos con niños, hablemos el lenguaje que entienden.
La fecha
Es evidente que es completamente inaceptable el año 2014 como fecha para la celebración del referendo separatista, sería como hacerlo el mismo día que España ganó el Mundial de fútbol. Si realmente desean que decidamos libremente, únicamente podremos hacerlo si, en la medida de lo posible, evitamos por ambas partes que la fecha de la votación coincida con algún acontecimiento simbólico que pudierabeneficiar a alguna de las dos opciones. Una decisión tan fundamental para el futuro de todos necesita ser trabajada a nivel legal y todo eso requiere de un arduo desarrollo parlamentario eficaz consistente en conseguir una mayoría de fuerzas políticas comprometidas con la puesta en marcha del referendo, la reforma constitucional obligada y la explicación suficiente a la población de lo que supondría llevar a cabo tal votación.
El “tenim pressa” no es aceptable si lo que se desea realmente es otorgar el poder decisorio a la ciudadanía catalana. Para decidir hay que conocer y de momento todo está pertrechado para que sólo pueda decidir una parte y la otra se encuentre con una situación sobrevenida sin conciencia alguna de la realidad. Por lo tanto, el año 2018 podría ser una fecha plausible para llevar a cabo el referendo, con tiempo suficiente para modificar la legalidad vigente, explicar a la sociedad la realidad posterior de una supuesta victoria del separatismo y obtener la legitimidad suficiente para cualquiera que sea el resultado de la votación.
La pregunta y la respuesta
La pregunta debe ser clara y explícita, sin ambages, explicada de antemano con tiempo y recursos y haciendo consciente a la ciudadanía de la responsabilidad que supone ejercer el voto en un o en otra dirección. Una pregunta que no dejaría lugar a la duda sería podría ser: ‘¿Desea que Cataluña siga formando parte de España y de la Unión Europea?’. Evidentemente el sí significaría decir no al separatismo. ¿Por qué vamos a renunciar a una palabra que en sí misma ya tiene una connotación positiva? Quien quiere romper y separar no somos los que pensamos que estamos mejor unidos, con lo que el no significaría romper la unidad y el sí seguir formando parte de la nación española.
Esta condición sería innegociable, recordemos que si hacemos el referendo es porque entendemos que la situación actual con una parte de la población catalana envalentonada por sus irresponsables líderes y alimentada por sus voceros subvencionados es insostenible y queremos encontrar una solución que devuelva la realidad política al quehacer diario en pos de la mejora de las condiciones de vida de la ciudadanía de donde no debería haber salido nunca.
Extrapolación inversa de la ley electoral actual
Desde el feliz establecimiento de la democracia la ley electoral catalana se ha mantenido impasible a los cambios demográficos y a la voluntad de autogobierno tan deseada en otros ámbitos por gran parte de los partidos políticos catalanes. El motivo no es otro que el magnífico beneficio que de esta realidad ha obtenido siempre el nacionalismo. El un hombre un voto no ha estado nunca entre las prioridades del separatismo con lo que en este hipotético referendo se mantendría el sistema de votaciones igual pero invertiríamos los términos. Dado que cuatro décadas de preeminencia del voto rural de las provincias más decantadas, por tanto, hacia posturas nacionalistas han supuesto un desequilibrio de poder en las instituciones catalanas, es de justicia que en un referendo tan importante para todos, si de verdad pretenden una votación justa en la que todos decidamos de forma equilibrada, se cediese por un día ese privilegio al rival que ha salido perjudicado durante tanto tiempo.
La cortesía es fundamental en las relaciones de confianza, ¡qué menos! Con lo que en este referendo, y también sería innegociable, los votos se contabilizarían para el cómputo final mediante una extrapolación inversa de la ley electoral actual. El día después del referendo, pasase lo que pasase, las fuerzas políticas catalanas se comprometerían a desarrollar una ley electoral catalana que nos llevase definitivamente al un hombre un voto y así se cercenaría de una vez por todas esta manifiesta injusticia.
Contabilización del voto
Romper el statu quo no es algo baladí, con lo que la victoria de la opción separatista no podría ser nunca aceptable al 51% del cómputo del voto total desarrollado de la extrapolación inversa de la ley electoral actual. El 65% sería lo aceptable por parte del Estado. Si prácticamente ninguna nación del mundo acepta en sus constituciones el derecho a la separación y España sí lo hace, lo debería hacer asegurándose que los ciudadanos que no queremos renunciar a nuestras raíces históricas y culturales no quedemos aplastados por una parte de la población que no es capaz de convivir con la multiplicidad de identidades a la que muchos catalanes no vemos ningún problema.
A ese 65% del voto total se debería añadir la innegociable también necesidad de voto negativo de más del 50% en cada una de las cuatro provincias catalanas. Es decir, si el cómputo total del voto resultante de la extrapolación inversa de la ley electoral actual sumase más de un 65% a favor del no a seguir formando parte de España, cada una de las provincias debería tener más de un 50% del voto negativo también para que la separación se hiciese efectiva. Esto evitaría que una parte importante de la población catalana concentrada en los núcleos mayores de población se encontrase atrapada en una realidad que no desea mayoritariamente, escenario que podría conducir a una no aceptación del resultado y a una posible rebeldía ante el mismo que nos llevaría a la situación creadora del conflicto pero a la inversa.
Consecuencias del referendo
Una decisión que pone en jaque a las instituciones del Estado y la vida de tanta gente no puede cerrarse en falso. Como en mí artículo La ‘futbolización’ de la política señalé hace un tiempo, el nacionalismo es sentimiento y se aleja de la racionalidad necesaria para la toma de decisiones fundamentales. Así, la lectura de una derrota por parte del secesionismo sería como la del seguidor fiel a su equipo que pierde, estaría clara y sería esperar al año siguiente para hacer otro referendo, así ad infinítum hasta la victoria final; ya ganaremos la liga del año que viene, esta estaba amañada por los árbitros, hemos tenido mala suerte, se nos ha lesionado nuestra estrella, justo ayer pasó un gato negro delante de mí, derramé la sal o vete tú a saber.
Así que las condiciones, de nuevo innegociables, deberían quedar bien claras. En 2018 habrían pasado 40 años de la votación afirmativa por parte de más del 90% de los catalanes, con un 68% de participación, de una Carta Magna que el Estado se habría visto obligado a modificar para contentar a una parte de la población muy ruidosa y veríamos cuánto de numerosa. Así, pasarían otros 40 años hasta que pudiese volver a celebrarse otro referendo de iguales características, si así lo deseasen la mayoría de fuerzas parlamentarias que en el 2058 ocupasen el Parlamento autonómico de Cataluña.
Mientras tanto, además de la modificación de la ley electoral, se suprimirían todas las subvenciones partidistas dedicadas a la construcción nacional, siendo revisadas las mismas por parte del Estado para evitar la picaresca. La educación volvería a manos del Estado y la escuela se desarrollaría en un ambiente desligado por completo de la política en el que el bilingüismo equilibrado sería la nota predominante, adaptándose a la realidad sociocultural sin suponer en ningún caso la enseñanza por debajo del 30% en cualquiera de las dos lenguas oficiales. Es decir, que la autonomía de centros permitiría la puesta en marcha en el Bajo Llobregat de un sistema lingüístico con predominancia del catalán y a la inversa con el castellano como lengua mayoritaria de enseñanza en comarcas interiores. De la misma manera, la alta inspección educativa controlaría la implementación de estas medidas y sancionaría duramente a los equipos directivos y a los profesionales que utilizaran la escuela para hacer apología partidista. Sería el fin del adoctrinamiento escolar, 90 años de franquismo y nacionalismo catalanista (dos caras de la misma moneda) son demasiados ya.
Por último, TV3 sería completamente renovada y recortada hasta llevarla a la dimensión adecuada al tamaño y la realidad de una Comunidad Autónoma como es Cataluña, ejerciendo de vehículo de transmisión plural de la realidad o en su defecto, si eso no fuese posible por la selección que durante años se ha hecho de sus profesionales entre lo más selecto del nacionalismo orgánico, privatizarla. Si los nacionalistas deseasen mantener una televisión al servicio de unos cuantos deberían pagársela ellos y tendrían toda la libertad para hacerlo, faltaría más. Igual que a muchos nos repugna la línea editorial de Intereconomía o 13TV, pero al ser cadenas privadas no tenemos nada que objetarles más que la crítica razonada a sus puntos de vista conservadores al extremo, aquí pasaría lo mismo. Todo menos mantener la situación actual, vergonzosa y más típica de otras épocas y otros países.
En resumen, la fiesta se ha acabado, ¿quieren referendo? Lo tendrán, pero el escenario nunca volverá a ser el mismo. Si lo ganan porque ese escenario implicará por sí mismo un cambio radical múltiple; si lo pierden, porque el Estado ocupará el lugar que le corresponde y que nunca debió dejarse usurpar. Y esto último también es innegociable.
Rompamos su marco mental, lideremos la iniciativa política, conceptualmente tenemos todas las de ganar. El contexto de crisis económica está resultando la excusa perfecta para el auge de los extremismos en todo el mundo. Mientras la población despierta sobresaltada de la ilusión burguesa y camina sin rumbo definido hacia no se sabe dónde, el retorno a los valores de solidaridad, fraternidad, igualdad y justicia social harán imposible el triunfo de un nacionalismo que cada vez esconde menos su componente discriminatorio. Trabajemos en esa dirección, por el bien de todos.

En respuesta a François Musseau ('Libération')

Es siempre una buena noticia que un periódico francés del prestigio de Libération preste atención a lo que sucede fuera de Francia, y resulta todavía más interesante si lo hace tratando un tema que nos toca bien de cerca. Ahora bien, la noticia se torna oscura cuando, el que es considerado un periódico riguroso e independiente, publica un artículo("Espagne: la Catalogne prend le large"), firmado por François Musseau el 4 de diciembre pasado, que se acerca más a la propaganda nacionalista que al relato objetivo de la realidad.
Hay bastantes otros catalanes que asumen, como yo, la doble condición de españoles y catalanes con una gran naturalidad, como Estrasburgo vive sin contradicción su identidad francesa y alsaciana
El periodismo es un oficio fundamental para la libertad, sin información veraz no existe la posibilidad de emitir un juicio certero y es por eso que al periodista se le debe exigir contrastar fuentes, investigar a fondo, escuchar a todas las partes e intentar mantener un espíritu objetivo. Cuando se empieza diciendo que Sant Vicenç dels Horts se encuentra a 50 kilómetros de Barcelona, cuando se halla a 20 kilómetros aproximadamente, es empezar con mal pie y es dar un paso en falso en todas esas características que universalmente se entenderían como las apropiadas para definir a un buen periodista. Pero lejos de ser una equivocación puntual, este primer error nos lleva al desarrollo de un texto plagado de falsedades, medias verdades y mentiras interesadas, que se suceden una tras otra como si el enviado especial en cuestión hubiese estado disfrutando de unas vacaciones pagadas mientras le escribía su texto el primer separatista que se hubiese cruzado por la calle.
Empecemos por el título, "¿Cataluña se desengancha de España?". Yo también soy catalán y nunca me he desenganchado de España, ni física ni metafóricamente. Y no es solo mi caso, desde luego: hay bastantes otros catalanes -sobre todo en Sant Vicenç dels Horts, donde viví durante algunos años- que asumen, como yo, la doble condición de españoles y catalanes con una gran naturalidad, como Estrasburgo vive sin contradicción su identidad francesa y alsaciana.
Esta identidad doble catalana y española, vivida de modo no conflictivo, es ampliamente mayoritaria en Cataluña, como lo muestran todas las encuestas, oficiales o no. Y es todavía más marcada en Sant Vicenç dels Horts, como lo ejemplifica el hecho de que el nacionalismo haya podido acceder al Ayuntamiento únicamente en las últimas elecciones municipales, debido particularmente al fiasco del partido socialista local, y con una coalición peculiar que comprende separatistas (ERC), nacionalistas conservadores (CiU) y ex comunistas (ICV). Pero por supuesto, si se informa sólo desde el lado de la concejal municipal separatista Imma Prats (ERC), y el muy politizado y desprestigiado Centro de Estudios de Opinión (CEO), dirigido por el militante de ERC Jordi Argelaguet, no es extraño que el cuadro resultante sea completamente parcial y demasiado próximo a las tesis de ERC, pese a todo, minoritarias en Sant Vicenç dels Horts.
El artículo empieza su "trabajo de campo" entrevistando a varios vecinos de Sant Vicenç dels Horts, como Iván, "que descubrió en la escuela que en Cataluña las cosas se hacen mejor, de forma más seria". O su esposa Montse, que quiere "una Cataluña divorciada de España". Jaume también opina parecido, y claro, como marcan los cánones del buen periodismo, debe surgir alguien que piense lo contrario. Y aparece Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional, en el mismo plano que mis queridos ex vecinos. Con todos los respetos para ellos, establecer una comparativa de opiniones entre personajes anónimos y un reconocido intelectual como De Carreras, es tanto como poner en el mismo nivel la opinión respecto a la cosmología de Cristiano Ronaldo y Stephen Hawking.
Establecer una comparativa de opiniones entre personajes anónimos y un reconocido intelectual como De Carreras, es tanto como poner en el mismo nivel la opinión respecto a la cosmología de Cristiano Ronaldo y Stephen Hawking
Pero es que la cosa no se queda aquí, sigue su curso, y de qué manera. Se acepta como válido que la ANC no tiene filiación política y que la sociedad civil marca la diferencia respecto a otros movimientos separatistas internacionales. Claro, más de 30 años de nacionalismo obligatorio que ha convertido la escuela en una herramienta al servicio de la manipulación hispanofóbica y catalanocéntrica más absoluta no debe ser tenido en cuenta. Tampoco las riadas de millones de euros destinadas a subvencionar todas aquellas organizaciones políticas, sindicales, colegios profesionales, asociaciones "independientes" (como la propia ANC, dirigida por Carme Forcadell, miembro de ERC), medios de comunicación, asociaciones de vecinos, de inmigrantes o de amigos de la sardana. Pero es que todo esto exigiría "patearse el terreno" y comprobar que la sociedad civil en Cataluña no es más que otro instrumento en manos del nacionalismo político.
El escrito avanza dando categoría de verdad a los mantras que tan bien nos conocemos los no nacionalistas, a saber, que si las autopistas son de peaje, que si pagamos muchos impuestos, que si el corredor ferroviario central, que si la nueva ley de educación ataca el catalán y lo deja en un segundo plano, que si Messi tuvo a su hijo a las 17:14... Y claro, el insigne periodista en cuestión no se molestó en comprobar que mientras en Cataluña teníamos autopistas, en el resto de España pocas veces conocían una carretera de más de dos carriles; que los contratos con las concesionarias como Abertis habían expirado y podían haber pasado a manos públicas y haber eliminado los peajes; que mientras aquí gastamos casi 300 millones de euros anuales en mantener una televisión (entre otros gastos suntuosos con el objetivo de "fer país"), se recorta en los servicios sociales más esenciales como la educación o la sanidad; que el Estado ha apostado decididamente por el corredor ferroviario mediterráneo; que la LOMCE habla de utilizar como lengua vehicular cualquiera de las dos lenguas oficiales, pero como el Ministerio de Educación (absolutamente vaciado de competencias) se ve incapacitado para que no se produzca fraude de ley, utiliza el subterfugio del pago anticipado de una escuela privada bilingüe para aquellos padres que lo demanden. Y, ¡ostras tú! , que la hermana de Messi tuvo que marcharse de Cataluña porque le obligaban a hablar en catalán en la escuela y no se sentía cómoda.
Es evidente que esta retahíla de mantras no podía quedar zanjada sin un corolario espectacular, digno para la ocasión: EL RELATO. Dicen que escribir en mayúsculas en Internet significa chillar, y sí, es lo que acabo de hacer, es más, lo he acompañado mentalmente con un redoble de tambores, por aquello de darle mayor religiosidad al asunto. Y es que leer de la pluma de un periodista extranjero que "el Tribunal Constitucional redujo a cero el nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña" es como para echarse a reír si no fuera porque no hace ninguna gracia.
Leer de la pluma de un periodista extranjero que "el Tribunal Constitucional redujo a cero el nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña" es como para echarse a reír si no fuera porque no hace ninguna gracia
Resulta que Maragall primero, Montilla después y todo ello con la connivencia de Zapatero, deciden dar a Cataluña "el Estatuto que los catalanes quieran" y apropiándose de la voluntad de todos (incluida la mía que también voté psC), producen un bodrio inconstitucional en muchas de sus partes, votado por un censo que no se acerca ni de lejos al obtenido por una Constitución que queda derogada por la puerta de atrás, y que rompe en mil pedazos la igualdad entre ciudadanos de un mismo país. El TC hace su trabajo pese a las múltiples presiones recibidas y "¿todo eso produce las masivas manifestaciones por el sentimiento de agravio que produce en Cataluña?". Y "¿todo esto lleva a pedir la secesión?".
Claro, como decía Xavier Trias el otro día utilizando ese victimismo que tan bien explotan desde hace años: "Yo no soy independentista pero votaré independencia". ¿Le sonará al señor François aquello del doublethinking? Pues debería haberse enterado de que esta gente tan ducha en el lenguaje orwelliano, que le han escrito el artículo mientras posiblemente admiraba embelesado el Parque Güell o la Sagrada Familia, construyen el RELATO que les interesa a su imagen y semejanza, aprovechando el legítimo sentimiento de muchas personas que no quieren ser conscientes de que están siendo instrumentalizadas. Digno de Maquiavelo y de Goebbels y revestido de un aura "guay" que pueden utilizar por la indignidad de nuestra izquierda oficial. Sí, esa izquierda que dejó el internacionalismo a un lado para convencer a Manolo, ese trabajador que es entrevistado al final del artículo, que estaba perdiendo su puesto de trabajo en Fercable, de que "sólo se puede combatir la globalización desde la independencia". ¿Qué independencia? ¿La de Alemania? ¿La de la Troika? ¿La de Estados Unidos? ¿La de los mercados globales?
Probablemente el señor François Musseau disfrutó de lo lindo de su estancia vacacional por estas tierras, pero para la próxima vez, si no es mucho pedir, estaría bien que viniese con el traje de periodista y dejase el bañador y la crema solar en Francia.
Gracias por la atención. Au revoir.

20N: NAUFRAGIO A LA VISTA

Cuando uno prueba las mieles del triunfo dicen que ya no sabe perder nunca más. De la misma manera supongo que cuando uno vota en conciencia, vota entusiasmado, vota motivado, vota convencido de que su voto va a servir para algo, de que realmente está ejerciendo el poder que le corresponde, ya no es capaz de hacerlo de otra forma. Se acerca el 20 de noviembre y después de bastante tiempo sólo tengo claro que si acudo a votar, volveré a hacerlo sin ilusión, como hacía los primeros años en que pude ejercer mi derecho democrático.
Fueron primero los partidos de izquierda tradicionales los que traicionaron mi confianza, culminando un proceso absolutamente contradictorio como es asimilar la izquierda con el nacionalismo. Un oxímoron total, una falta de principios brutal, un fraude histórico, una apropiación del voto contra natura que hicieron que llegase a acudir a las urnas en una ocasión con la papeleta de un partido conservador con el queno me sentía para nada representado, pero que suponía, según mi pueril entender de aquel momento, un acto de rebeldía ante una situación manifiestamente insólita.
Poco tiempo después, la sucesión de acontecimientos puso todo en su sitio como suele ser habitual, y en medio de una sensación de naufragio absoluta caí en la abstención activa, digamos que es aquella en la que no se acude a votar porque piensas que nadie te representa y no porque fruto de la vagancia intelectual se coloque en el mismo saco negativo a todo aquel que ose entrar en el arte de la gobernanza de la polis. El naufragio fue doloroso y largo, todo lo largo que se hace cualquier cosa que realizas por obligación y no por convicción, pero llegó el día en el que irrumpió en escena un nuevo partido político que encarnaba en sus principios fundacionales casi todo aquello que necesitaba para volver a ser un sujeto político activo: defensa de las libertades individuales, lucha por la justicia social y por la igualdad de oportunidades y por tanto posicionado claramente en frente de las tendencias disgregadoras y separadoras que hacían el ambiente político irrespirable.
La sensación de votar convencido es tan peculiar como probar algo que te gusta y que no habías conocido hasta entonces, no te deja indiferente, quieres volver a experimentarla cuanto antes… Pero dejando sentimentalismos a un lado, es necesaria para que todos los ciudadanos se sientan implicados en democracia y vean en el sistema la posibilidad de opinar y sentirse útiles, aportando el granito de arena que haga que todo funcione mejor y evolucione positivamente.
Llega el 20 de noviembre y las opciones se reducen, un sistema electoral manifiestamente injusto en el que prima el territorio por encima de las personas, olvidándose de uno de los principios claves de la democracia representativa como es el de un hombre un voto, hacen que algunas opciones electorales interesantes se conviertan en intrascendentes, por la dificultad importante de que obtengan representación por la circunscripción en la que se presentan.
La situación actual es muy complicada a todos los niveles, la crisis económica y la forma de afrontarla por los diferentes gobiernos a escala mundial están haciendo reaccionar a la ciudadanía de una forma considerable y novedosa. Los servicios públicos y el estado del bienestar en general se están viendo afectados con tal magnitud, que empieza a estar en juego su propia supervivencia y su carácter generador de igualdad y justicia social.
Es un momento complicado en el que ejercer el derecho a voto debería considerarse incuestionable, dado que si de verdad el poder reside en el pueblo y en sus representantes democráticamente elegidos, no habría mejor manera de canalizar el descontento, de intentar cambiar las cosas, de manifestar el rechazo a la situación actual, que ejerciendo ese derecho sabiendo que iba a servir para algo. Pero la realidad es tozuda, y la democracia actual, formulada de la manera que la tenemos en España, no acaba de representarnos a muchos ciudadanos que volveremos, con más pena que alegría, al naufragio político, al voto sin fe o al abstencionismo activo, al descontento no canalizado y a volver a ver lo que hacen desde la barrera unos representantes políticos que se han alejado demasiado de la sociedad que se supone quieren representar y que en demasiadas ocasiones confirmamos que se comportan más que como políticos como idiotas.
Y que nadie se asuste por mi incorrección ya que en la antigua Grecia, otrora cuna de nuestra civilización, y actualmente ensayo cruel de los que verdaderamente mandan, todos los asuntos de la polis eran tratados por todos los ciudadanos. Así fue como llamaron a estos asuntos politikoí, en oposición a aquellos temas personales e intereses privados de los ciudadanos llamados idiotikós. Más adelante los hombres que no se preocupasen de los temas de la pólis se llamarían idiotes, que significaba ciudadanos privados, derivando siglos más tarde a nuestra palabra actual idiota que se utilizaría para aquellos que no responden a lo que le concierne al Estado o ciudad, sino que a sus intereses propios.
Daniel Perales es profesor de Primaria

DESLIGAR POLÍTICA Y EDUCACIÓN

Se acaba el curso escolar en Cataluña y surgen, como cada año, diferentes análisis sobre unos resultados en competencias básicas que no acaban de ser los que más nos gustarían. Es evidente que la sociedad ha cambiado y que múltiples factores ahondan en el fracaso escolar o en la no suficiente competencia de nuestros alumnos. Seguidamente enumeraré algunos de los que creo básicos, aunque para enumerarlos todos y para buscarles soluciones a cada uno de ellos, necesitaría un espacio mucho mayor que el de un escrito de análisis en un diario.
Padres
Una causa nuclear de la deficiencia en el aprendizaje de nuestros alumnos la encontramos en el cada vez menos tiempo que muchos padres disponen para dedicar a sus hijos. La dejación de responsabilidades por parte de algunos que piensan que el hecho educativo es exclusivo de la escuela y las condiciones laborales de muchos otros no ayudan en ningún caso.
La conciliación  de la vida laboral y familiar no pasa por su mejor momento y esta situación no tiene visos de cambio, dado el contexto de grave crisis económica actual y de desmantelamiento del estado social por parte de las élites dirigentes. Unas élites que recortan en las partidas destinadas en educación para, por ejemplo, bajar los impuestos a los que más tienen. Soluciones alternativas que no dañen a los más débiles hay muchas y el hecho de que la educación no entre en el mercadeo del déficit es indispensable para no perjudicar, más si cabe, a una educación que es la base de toda sociedad que se precie.
Esta falta de tiempo de dedicación a la labor pedagógica en familia conlleva consigo múltiples dificultades añadidas al proceso escolar, dado que en multitud de ocasiones es más el tiempo utilizado en enseñar las cosas que deberían venir enseñadas de casa, que el tiempo utilizado en impartir las materias estrictamente académicas.
Sacrificio
Otro factor importante a tener en cuenta es la falta de capacidad de sacrificio por parte del alumnado, que sobreprotegido por algunos padres y afectado de lleno por el síndrome del niño burbuja, son incapaces de enfrentarse a grandes retos, esfuerzos o novedades, porque están tan acostumbrados a que se lo den todo hecho, a que les mastiquen el chicle antes de comerlo, que cualquier intento de potenciar sus ganas de aprender suele costar ímprobos esfuerzos y alguna que otra aclaración a algún padre preocupado por la posibilidad de que su hijo sufra algún trauma infantil por haber recibido una reprimenda por no hacer sus tareas diarias (caso verídico).
En esta misma línea, cabe mencionar también la poca capacidad de caerse para después levantarse del alumnado. Cualquiera que entienda un poco como funciona esto de la vida sabe que no hay mejor aprendizaje que el que se produce después de una equivocación, un error, un aterrizaje forzoso o una decepción importante. Uno no puede conocer lo dulce sino prueba lo amargo previamente, y hemos eliminado el zumo de pomelo de la dieta de nuestros chavales para inflarlos a bollería industrial y azúcares variados, hasta tal punto que ya no son capaces de discernir sabores, de valorar lo que es bueno, de aprender a vivir. Es evidente, por tanto, que los tres últimos factores que acabo de enumerar, falta de tiempo, síndrome de la burbuja y ausencia del aprendizaje por error, están estrechamente interrelacionados y a la vez ligados por el sentimiento de culpa, por parte de algunos padres que no se ven capaces de poner los límites necesarios que ayuden en el proceso educativo de sus hijos.
Concentración
No puede escapar de este pequeño análisis la plaga de TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) que supuestamente padecemos las escuelas. Resulta que en los últimos años los niños tienen una capacidad de concentración ínfima, un déficit de atención inusual y una hiperactividad no apta para estar sentados seis horas al día entre cuatro paredes. Nos equivocaríamos seguramente, a mi juicio, si achacáramos todo esto a un proceso patológico. En determinados niños es evidente que éste existe y sólo con la combinación de una medicación efectiva y otras técnicas adecuadas puede solucionarse, pero no en todos los casos.
Resulta que algunos de esos padres que trabajan jornadas agotadoras llegan a su casa y además de no poner límites a sus hijos por falta de tiempo, de actitud pedagógica y por el sentimiento de culpa del que hablaba, encuentra en las nuevas tecnologías la solución perfecta. Así, la televisión, las consolas y los ordenadores, se convierten en el sustituto ideal de una buena charla, de un juego de mesa compartido, de la lectura relajada de un cuento antes de dormir o del simple hecho de compartir mesa y mantel escuchando las aventuras y desventuras de unos y otros dentro del núcleo familiar. Para postre, para captar la atención de las personas, los entendidos del medio audiovisual tienen claro que las imágenes en movimiento, cuanto más en movimiento sean, cuanto más colores tengan, cuanto más llamativos, espectaculares, ostentosos y activos sean, más gustan, más llegan, más atraen… y luego el humilde maestro, con la pizarra, la tiza y el libro de texto ya puede hacer una pirueta mortal en el aire aterrizando haciendo el pino puente a una mano con una puntuación que ni Nadia Comaneci, que tendrá graves dificultades para captar la atención de sus alumnos.
Por tanto, ¿todos estos alumnos tienen TDAH entendido como una patología? Rotundamente, no. Lo que tienen gran parte de estos niños es un aburrimiento supino ante una forma de dar clase anclada en el pasado, una necesidad imperiosa de gastar energía acumulada y descontrolada y sobre todo y ante todo están pidiendo a gritos atención y límites. Una atención y unos límites que les permitan avanzar en su conocimiento de este mundo.
Los políticos
No se puede dejar de lado en este análisis la dejación de responsabilidades de los políticos respecto a la educación. Ésta debe evolucionar igual que evoluciona la sociedad, pero eso no implica que deba cambiar constantemente su marco general, dependiendo del político de turno al que le toque ocupar el ministerio o la consejería. Cada año nos vemos envueltos en múltiples cambios más burocráticos que otra cosa, más de justificar sueldos exorbitados de personas en muchas ocasiones desligadas profesionalmente del sector, que de implementar medidas realmente efectivas.
Y esta situación es insostenible, dado que únicamente genera descontento, desubicación, malestar y decepción entre el colectivo del profesorado, que además de ver como su tarea no es valorada por la sociedad, intuye como su situación de cierto privilegio necesario en cuanto a estabilidad y vacaciones, es utilizado por los políticos para justificar sus desmanes. Bajadas de sueldo, eliminación de derechos adquiridos, aumento de ratios y de horas lectivas, recortes presupuestarios que no permiten ni comprar materiales para la asignatura de plástica o la imposibilidad de tratar correctamente las necesidades educativas especiales por falta de profesores entre otros, hacen de la situación del profesorado un elemento que no ayuda precisamente a mejorar el sector.
Y cuando todo esto se adereza con unos políticos que se suben sus sueldos a su antojo, que utilizan los coches oficiales a destajo, que no se dan cuenta que son unos servidores de la ciudadanía y que cada euro gastado debiera llevar consigo un estudio minucioso de su idoneidad, hacen que la indignación del colectivo, pero de la sociedad en general también, sea mayúsculo.
Lengua
En otro orden de cosas, y siendo consciente de que me dejo otros factores en el tintero, dado que todo este análisis al completo daría para prácticamente un libro, no quería dejar a un lado un problema no menor, que todo maestro que lleve cierto tiempo en activo y que analice la realidad diaria de las aulas sin sectarismos adquiridos, no se le puede pasar por alto. Este factor es el de la lengua de enseñanza.
En Cataluña, a día de hoy, la lengua exclusiva vehicular en la enseñanza es el catalán cuando más de la mitad de la población tiene como lengua familiar el castellano. Y esto, que podría ser una fuente de riqueza importante, utilizado por la política, se convierte en una fuente de problemas no menos importante que añadir a la retahíla antes comentada.
Pongámonos en situación: podríamos decir que en cada clase, que de media tiene 25 alumnos, nos encontramos con cinco con especiales capacidades (un 20% aproximadamente), un grupo más extenso con capacidades suficientemente altas de unos diez alumnos (un 40% aproximadamente), y el restante 40% que se repartiría entre alumnos con capacidades medias, medias-bajas, bajas y con necesidades educativas especiales asociadas a patologías de índole diversa, cada vez más numerosa. No hace falta ser un pedagogo de renombre para saber que, en condiciones normales, el primer 60% del alumnado no va a tener grandes problemas en su proceso educativo, sea cual sea la lengua en la que éste se realice, independientemente de lo que se hable en casa. Además, la transferencia de conocimientos  de dos lenguas de misma base, en este caso románica, y en continuo contacto, como es nuestro caso también, facilitan sobremanera la adquisición de ambas sin excesiva problemática.
Ahora bien, ¿qué sucede con esos diez alumnos de cada clase que poseen un nivel intelectual de base por debajo de la media o que sus condiciones personales y/o familiares les hacen situarse en ese espectro que ve su proceso educativo más complicado de entrada que el resto? Pues la respuesta es de Perogrullo; evidentemente que tienen una dificultad añadida si cabe por el hecho de recibir todos los inputs en una lengua que no es su lengua materna. Esta evidencia de la que pocos profesores nos atrevemos a hablar hoy en día, fue uno de los argumentos de peso que se esgrimieron a principios de los ochenta por aquellos que pretendían introducir, acertadamente, la lengua catalana  en la nueva escuela post franquista. Pocos, o más bien ninguno de aquellos que exponían el artículo 2  de la declaración universal de los derechos humanos, como argumento principal para defender sus tesis, hoy en día se dignan a defender lo mismo pero con la lengua castellana.
Este hecho perjudica y discrimina diariamente a miles de alumnos en nuestras escuelas e incide negativamente en su aprendizaje y en su posterior desarrollo como seres humanos, sumándose de manera ostensible a una serie de graves problemas, algunos de los cuales he enumerado, que hacen que la educación en Cataluña no avance en la medida que tendría que avanzar.
Así pues, se hace necesario, a mi juicio, un gran pacto por la educación en el que se impliquen, como hacen en Finlandia, padres, profesores, pueblos y ciudades, asociaciones de vecinos, sindicatos, entidades diversas, pedagogos, psicólogos y todo aquel profesional o colectivo que pueda aportar objetivamente análisis al problema y soluciones al mismo. Unas soluciones que los partidos políticos deben refrendar con políticas a largo plazo que se comprometan a mantener en el tiempo y en el que se potencie un sistema educativo en el que prime el bien de los alumnos por encima de sectarismos, de la chalanería política o del oportunismo mediático. Es el futuro de nuestra sociedad, ¿qué vale la pena más que eso?
Daniel Perales es profesor de Primaria

jueves, 4 de abril de 2013

Terrorismo social



Las ruedas de prensa posteriores al Consejo de Ministros, desde la llegada al poder del PP, son tan esperadas como temidas por la ciudadanía. Quien ríe el viernes, llora en domingo, dice el refranero popular, al que yo le añadiría que ni en el propio viernes nos dejan reír.
Y es que este final de semana ha sido especialmente doloroso para mí, seguramente porque se ha tratado un tema que desgraciadamente conozco de primera mano. Escuchar la bien lograda ingeniería verbal de Luis de Guindos, ministro de Economía y Competitividad, para enmascarar la estafa perpetrada por los bancos a personas como mi abuela que no saben ni leer ni escribir, en el escándalo de las preferentes, ha sido la gota que ha colmado un vaso que ya andaba bastante cargado.

Resulta que las entidades bancarias, además de ejercer un papel importante en la creación de una burbuja inmobiliaria cuyas consecuencias estamos pagando cruelmente, se dedicaron a vender productos financieros de alto riesgo a pensionistas y pequeños ahorradores, que confiaron en aquellos que les ofrecieron un interés interesante a plazo fijo y con disponibilidad absoluta del capital.

Miles de personas humildes perderán los ahorros de toda la vida de forma injusta y el Gobierno únicamente es capaz de sacar a la palestra a su insigne ministro para que les venga a decir que jugar en la bolsa es lo que tiene, que altos rendimientos siempre van ligados a altos riesgos. Con total rotundidad afirmo que los mejores consejos que jamás he recibido han venido por parte de mi maravillosa abuela, pero con igual vehemencia ratifico que ni rendimiento ni riesgo son conceptos que ella asimile a su economía doméstica. Imagino que una pensión de viudedad tampoco da para grandes juegos bursátiles.

Y en estas, uno tiene que leer que algunos políticos se quejan de que les persigan hasta sus casas mediante el ya famoso escrache nacido en Argentina cuando el corralito. Si estamos volviendo a la época de los códigos arcaicos en los que las leyes se diferenciaban claramente entre poderosos y humildes, ¿no es incongruente quejarse de que la gente pueda llegar a tomarse la justicia por su mano ante unos representantes que en vez de defenderles les hunden en la miseria cada día más?

Estamos llegando a un punto en el que empiezo a creer que únicamente la presión social asfixiante puede acabar con estos listos. Y estoy a un paso de llegar a justificar acciones más contundentes contra estos terroristas sociales. Nunca he creído en la violencia para solucionar ningún conflicto, pero tampoco creo que poner la otra mejilla sea la solución en estos momentos.

La democracia, el buenismo y la sociedad de consumo han matado la lucha social y la colectividad. Nada importante se mantiene solo y hace ya bastante tiempo que diferentes grupos sociales se están movilizando contra este tipo de abusos. Y si persiguen a algunos responsables políticos hasta sus casas y les señalan, un aplauso y un olé para ellos. No es para menos.



Daniel Perales es profesor de Primaria



domingo, 16 de septiembre de 2012

LA "FUTBOLIZACIÓN" DE LA POLÍTICA

Este mes ha sido un período absolutamente funesto para la convivencia en Cataluña, con la guinda en el pastel de la marxa sobre Barcelona (no me digan que no han sentido un escalofrío con el lema), que se suma a más de 30 años de lavado de cerebro generalizado y estupidez colectiva sin igual.
Queda ya lejos el espíritu de la Transición: la concordia, el entendimiento, la tolerancia, la unidad, el respeto a la pluralidad, el buscar el encaje para todos y las ganas de encontrar aquello que nos unía y que nos une frente a lo poco que nos separaba y que hoy en día algo más lo hace. Adolfo Suárez (UCD) fue un estadista según lo analicemos, o simplemente un ingenuo que no supo entender que el nacionalismo nunca se contenta, jamás tiene suficiente, vive de ello, se alimenta de la ilusión, de lo que no existe pero anhela conseguir, del futuro celestial, de las emociones, los sentimientos, la pasión y lo irracional…
Fruto del mal cerrado pacto constitucional, del maquiavelismo y la obsesión de unos y de la falta de patriotismo o simplemente dejadez, desinterés o incapacidad de otros, nos encontramos actualmente ante una problemática importante a sumar a la larga retahíla de las que ya nos vienen sobrevenidas a nivel económico y social, y que tiene difícil solución con los mimbres de los que disponemos.
La política debería ser siempre entendida como la fórmula para llegar a acuerdos beneficiosos para todos, considerando la realidad física y humana del lugar sobre el que tomar decisiones. Para la toma más justa y equilibrada de estas decisiones, la democracia es el mejor sistema político conocido hasta el momento (Churchill dixit) y en esa fórmula cabe todo el mundo que la respete y la entienda en su grandeza, excluyendo por definición a aquellos que quieren aprovecharse de ella y de su bondad natural para convertirla en un arma para la victoria frente al otro. Democracia es virtud del entendimiento y gobierno del elegido para todos los que lo eligieron y los que no lo hicieron. Además, la política, engarzada en el sistema democrático, debería servir para decidir sobre nuestras vidas, siempre que fuera necesario para salvaguardar las libertades de todos, cercenando lo menos posible las libertades individuales.
En cambio el fútbol es otra cosa, es pasión, fervor, sentimiento, amor irracional a unos colores, a una bandera, a una ilusión, a unas sensaciones… Por mucho que defiendas el respeto al rival, el juego limpio, las buenas maneras, el fair play, en el fondo, todo seguidor fiel a un equipo desea lo peor para el rival, se ríe de sus desgracias, sufre con sus victorias y jamás acepta la realidad de lo que sucede. Los colores son más importantes, si tu equipo gana somos los mejores, si tu equipo pierde es culpa del árbitro, del entrenador, de la directiva, del estado del césped, de que no me he traído mi amuleto favorito al campo hoy, o que tal o cual jugador no ha salido al terreno de juego motivado. Cuando tu equipo pierde, tu tristeza dura poco, rápidamente, como un resorte, saltas de tu butaca y piensas, da igual, el año que viene lo conseguiremos, somos los mejores, y así ad infinítum.
No seré yo el primero ni el último en tocar el manido tema de la dualidad humana. Todos tenemos nuestro lado racional que intentamos imponer al irracional, no siempre con éxito, y a menudo es común reflexionar sobre que por muchos intentos que hagamos por racionalizar las cosas, el efecto sorpresa irracional nos ayuda a tener éxito en según qué empresas. Está estudiado que el acervo cultural y genético como especie nos proporciona una información muy válida a la hora de tomar decisiones rápidas. Por tanto, saber utilizar inteligentemente ambas estrategias nos aporta un equilibrio a la hora de decidir qué nos favorece, exponencialmente. Como conclusión diríamos entonces que para unas cosas es mejor racionalizar, meditar, pensar y reflexionar, pero para otras es mejor dejarse llevar por las emociones internas, por la emoción, por el lado irracional.
Pero estarán conmigo que la política no admite prisas, no se lleva bien con las decisiones rápidas. Es demasiado importante decidir sobre la vida de millones de personas, que a la vez viven en red con otros tantos millones más, como para fiarnos de nuestro lado irracional. Por lo tanto, convendríamos todos que la política sería uno de los lugares perfectos para que se instalara cómodamente el raciocinio y copa de brandy en mano y habano de calidad, sopesara una y otra vez variables y más variables hasta llegada la madrugada, y únicamente con todos los elementos de juicio analizados, tomara las decisiones más adecuadas para todos.
En estos días, es evidente que nos encontramos con la copa de brandy rota por el trajín, el habano humedecido por las lágrimas y con unos políticos, que a golpe de garrote, toman decisiones precipitadas y peligrosas, poco meditadas desde la razón y extraídas en vena directas desde el corazón.
El nacionalismo más reaccionario está ganando la partida, cuando en democracia las partidas no se ganan, se empatan. El nacionalismo está utilizando perversamente la democracia y los medios de que esta dispone para la difusión de sus logros positivos, para difundir el odio, el enfrentamiento y la sinrazón. El nacionalismo está utilizando el legítimo sentimiento de muchas personas para despreciar el de los otros, tan válido como el suyo. El nacionalismo ha encontrado el camino que en su mundo onírico siempre anheló, lo tiene ahí, a tocar de un dedo dicen, y por el camino le da igual quién o qué salga perjudicado. El nacionalismo ha encontrado la llave de su tierra prometida y ya nada ni nadie le puede apartar de la consecución de la victoria final.
Pero el nacionalismo no sabe, aunque sí lo saben los que lo dirigen, que el precipicio hacia el que nos llevan no tiene fondo, que la fractura social que se está produciendo será difícil de arreglar, que todo el camino andado jamás podrá ser desandado y que el éxito y la victoria de unos, será la grave derrota de otros.
¿No habíamos quedado que en democracia no debían haber vencedores y vencidos?
A ellos les da igual, es la futbolización de la política, es la muerte de la razón.
Daniel Perales es profesor de Primaria

EDUCAR Y ENSEÑAR

http://www.vozbcn.com/2012/09/14/126092/futbolizacion-de-la-politica/
Finalizando el curso pasado propuse un análisis bastante pormenorizado de los problemas que acontecen en la educación a nivel externo, pero no entré especialmente a fondo en las dificultades internas con las que nos encontramos, cosa que sucintamente intentaré hacer ahora que estamos finalizando el curso actual.
No hace falta trabajar en la docencia para que el sentido común indique que los recortes generalizados en el sector no están beneficiando nuestra labor. Así, la bajada de casi un 20% del sueldo en algunos casos, el aumento de horas lectivas, de la ratio de alumnos por clase, la no sustitución de los compañeros de baja y la consiguiente pérdida de horas de refuerzo para los niños que más lo necesitan, entre otros, no ayudan al buen funcionamiento de ningún centro educativo.
Pero por encima de estos grandes males que aquejan al mundo educativo en el presente, quiero centrarme en un problema que hace más tiempo que envuelve la enseñanza, que no es otro que la filosofía que de fondo se va imponiendo, lenta pero irremisiblemente, en nuestro quehacer diario. Una forma de trabajar en la que parece que se quiera priorizar todos los aspectos relacionados con la educación, dejando a un lado los de la enseñanza; entendiendo el primer concepto como el conjunto de valores necesarios para formar ciudadanos cívicos y responsables y el segundo concepto como la adquisición de contenidos y habilidades intelectuales propiamente dichas.
Hace pocos días aparecía en la prensa una noticia acerca de una profesora despedida por enseñar demasiado a sus alumnos y lejos de causarme excesiva sorpresa, me sirvió de acicate para escribir estas líneas. Y es que, aunque el caso es especialmente extremo, la idea de fondo que impregna nuestro día a día, nos acaba llevando a situaciones de este tipo.
El sacrificio, el esfuerzo, la voluntad, la excelencia, incluso la competición, son valores descartados del hecho educativo y ampliamente denostados por una gran parte de los educadores. Se ha impuesto un buenismo utópico absolutamente alejado de la realidad de la sociedad, que lejos de ahondar en la mayor competencia del alumnado, lo relega a un segundo plano intelectual, que no beneficia a nadie. La inclusión, la participación del alumnado en la toma de decisiones, su autonomía, la convivencia u otros conceptos tan de moda en la pedagogía actual, son tratados como fines en sí mismos y no como elementos que ayuden a configurar una enseñanza basada en el conocimiento.
De esta manera, nos encontramos con situaciones en las que por no sacar alumnos fuera de clase en grupos de nivel en las materias instrumentales (matemáticas y lengua), no vaya a ser que se sientan diferentes, todos los alumnos bajan su competencia: los que podrían hacer más porque no se profundiza ni se amplían los conocimientos y los que tienen más dificultades de aprendizaje, porque en grupos tan amplios se pierden en explicaciones sencillas.
En la misma línea, no hace mucho nos encontramos con que los niños no tenían notas numéricas sino que pasaban a progresar adecuadamente o no, no fuera a ser que se nos traumatizaran por tener una adversidad en la vida. Al final se acabó descartando este modelo de evaluación, pero más en forma que en fondo. Siempre con la misma cantinela sobrevolándonos, se llegó a aconsejar no poner deberes en Primaria porque ya pasaban demasiadas horas en la escuela, cosa que siendo cierta, no debería poner en duda los beneficios evidentes que tiene repasar en casa lo trabajado en el aula, así como la potenciación del hábito de estudio.
No puedo dejarme en esta retahíla de despropósitos, la anulación previa denostación de la competición en la Educación Física o cualquier otro ámbito escolar. Resulta que en un mundo en el que todo es competitividad, en el que sólo los mejor preparados sobreviven, en el que las naciones compiten entre sí, las empresas compiten entre sí, los ciudadanos compiten entre sí para conseguir un trabajo, estudiar una carrera, coger un taxi o conseguir una pareja, eliminamos este elemento de vital importancia en nombre de la inclusión y la no marginación.
¿Pero es que no hay nada que margine más a alguien que el hecho de no poder competir en igualdad con el resto de personas? ¿Pero es que no se dan cuenta que se puede utilizar la competición en su justa medida como un valor básico para el pleno desarrollo de los chavales en el mundo real? Educamos en la utopía para llevar a nuestros alumnos al peligroso abismo de la realidad. Y con esto no pretendo defender la competición como único método de praxis educativa, faltaría más, pero sí pretendo criticar a todos aquellos que desde la facultad de magisterio, desde sus despachos alejados de la realidad escolar, desde su visión de flores y animalitos (no carnívoros) correteando por el campo, pretenden eliminar por completo aquello que llevamos en nuestro acervo genético y que nos ha hecho llegar a nuestros días como la especie dominante del planeta, para bien y para mal. Sin competición, sin el afán de superación, sin la lucha por ser mejor, el ser humano no hubiera evolucionado nunca, es nuestra esencia y no podemos obviarla, aunque evidentemente sí trabajarla adecuadamente para formar seres humanos racionales que sepan luchar por lo que quieren, sin pisar a nadie por el camino, respetando a los que le rodean y superando las frustraciones que puedan suponer no conseguir el objetivo deseado.
Cabe decir que los motivos que han llevado a esta situación se antojan complejos y variados. Quizá el fundamental sea que las leyes educativas generadas en el período democrático han querido distanciarse completamente de la enseñanza autoritaria de la aciaga época franquista. Algo que en concepto no tiene por qué ser malo, más bien todo lo contrario. El problema es que parece que en este país no hemos superado todavía la Guerra Civil, vivimos en la confrontación de bloques, en el maniqueísmo más absoluto y en un sectarismo que convierte en ideología todo lo que acontece.
De esta forma, la LOGSE y las posteriores leyes educativas, renunciaron explícitamente a un tipo de escuela más tradicional que alguna aportación interesante podría hacer probablemente en el sentido que indico en este artículo. En todo caso, la escuela no debería entrar en estos términos de falsa dicotomía, debería basarse en el consenso de todos los actores que tienen algo que aportar para su mejor funcionamiento y en la no instrumentalización de la misma para fines políticos de cualquier índole.
Por lo tanto, no tendríamos porque renunciar a la disciplina bien entendida, evidentemente sin castigo físico ni psicológico, como valor que genera y capacita para el conocimiento. Tampoco deberíamos desprendernos del valor del esfuerzo y el sacrificio como puntales necesarios para la consecución de cualquier objetivo vital, entre ellos el de avanzar intelectualmente. No deberíamos desechar el aprendizaje que supone la frustración y la superación de la misma a través de la voluntad y no tendríamos porque ver la búsqueda de la excelencia como algo clasista, más bien todo lo contrario, como algo fundamental para llegar a una igualdad de oportunidades efectiva y real.
Por todo esto, creo firmemente en la igualdad de oportunidades, pero no creo en igualar a la baja a los alumnos. Creo en la potenciación de la autonomía del alumno, pero lo veo desde el equilibrio que entiendo debe existir entre la potenciación de esa libertad para decidir del alumno, en consonancia con el aprendizaje de lo que significa realmente la libertad y la madurez que se necesita para poderla ejercer responsablemente; por lo tanto supervisada en todo momento por un adulto responsable.
Creo en la inclusión de los alumnos en los grupos-clase como valor añadido en el aprendizaje de los valores de solidaridad, compañerismo y aceptación de la diferencia entre otros, pero siempre que ésta suponga un avance en el conocimiento de todos. Creo también que la escuela es el lugar idóneo para trabajar el valor de la convivencia respetuosa entre iguales, pero a la vez creo que esa convivencia no puede pasar por encima del aprendizaje, quedando evidenciado a través de la experiencia que priorizando el aprendizaje mejoramos de manera natural la convivencia.
En general, como decía al principio de este artículo, entiendo que algunos valores muy de moda en la pedagogía actual, no deberían verse como fines en sí mismos, sino como complementos ineludibles en el avance del aprendizaje de nuestros niños. Hemos pasado de enseñar a educar y quizá viene siendo hora de que hagamos ambas cosas equilibradamente.
Daniel Perales es profesor de Primaria

domingo, 26 de febrero de 2012

PLURALIDAD ENGAÑOSA


Se vuelve a consumar el contrasentido político en Cataluña. Mientras la escala de grises entre la opinión política ciudadana es amplia y mayoritaria, los grupos políticos, desoyendo el sentir generalizado, se sitúan en los extremos. De todos es sabido que en Cataluña la política se mueve en el eje izquierda-derecha, como en el resto de España, pero además en el eje identitario.
Dentro de esta pluralidad hay gente muy separatista, gente muy españolista, personas muy de izquierdas y otras muy conservadoras, pero el sentir mayoritario es, según todas las encuestas creíbles, bastante equilibrado situando al votante medio en el centroizquierda con identidad tan catalana como española.
Siendo esto algo bastante evidente para los que vivimos en Cataluña, ¿por qué los partidos políticos se mueven en extremos alejados del sentir general? Si analizamos el arco parlamentario autonómico de soslayo nos encontramos con conservadores ultranacionalistas, ultraconservadores españolistas, toda la gama de izquierdas en la órbita del nacionalismo, separatismo radical sobredimensionado, liberales constitucionalistas y a punto de entrar los xenófobos populistas. Todos ellos bastante alejados de esa centralidad que dictaminan las encuestas.
Evidentemente, podríamos discutir ampliamente sobre el verdadero significado de ser de izquierdas y sobre si alguno de los que tienen la etiqueta al respecto cumplen alguno de los históricos requisitos para formar parte de ese, hoy en día, selecto club. Así, ser de izquierdas y fomentar el egoísmo interterritorial como hacen PSC e ICV-EUiA o imponer una lengua por encima de la otra en una sociedad bilingüe, no parecen ser elementos tradicionales del proyecto igualitario de la izquierda. Pero eso es harina de otro costal y se aleja del objetivo de este escrito, que no es otro que señalar como, entre toda la en teoría plural gama de partidos políticos del arco parlamentario autonómico, no hay ninguno que represente o pretenda representar a todos aquellos ciudadanos que nos situaríamos en la órbita de la socialdemocracia republicana, que creemos en la libertad de todos, en la justicia social, en la igualdad de oportunidades, que nos rebelamos ante las injusticias sociales cada vez más evidenciadas por la crisis económica y los desmanes del capital, y que creemos en un Estado fuerte capaz de garantizar la libertad y la igualdad entre todos sus ciudadanos, que pueda asegurar en un mundo geoestratégicamente complicado, una cierta voz que nos de verdadera soberanía y poder decisorio en las cosas que directamente nos afectan como ciudadanos.
En la formación inicial de Ciudadanos se vislumbró la posibilidad de dar voz a ese votante huérfano, pero los acontecimientos se han ido desarrollando inequívocamente. El último congreso de la formación naranja dejó claro su enfoque liberal, los posicionamientos políticos excesivamente centrados, casi hasta la obsesión, con el tema nacional le han restado credibilidad entre el votante tradicional de izquierdas, más preocupado por los efectos de la crisis en el desmantelamiento del Estado social. También, las noticias recientes sobre trasvases de algunos importantes militantes del PP hacia este grupo político, han dejado evidenciado que no están por la labor de representar una izquierda no nacionalista en Cataluña. Pese a todo, es de agradecer y de alabar su contribución a un cierto contrapeso en la política catalana con respecto al tema nacionalista principalmente, pero también por ayudar a desmitificar un oasis que resultó espejismo.
Pero para los que vimos como el PSC e ICV-EUiA traicionaban nuestro voto constitucionalista, siendo más nacionalistas que CiU; para los que vimos una esperanza de cambio real en los discursos de Francesc de Carreras, Félix Ovejero, Antonio Robles, Juan Antonio Cordero y otros; para los que creemos que para no remar contracorriente, hay que hacer un discurso de ideas fuertes, pero también de gestos que den confianza a la ciudadanía; para todos los que en definitiva nos situamos en la izquierda política y estamos en contra del nacionalismo, se nos vuelve a presentar la más absoluta orfandad política.
La fuerza de la costumbre le obliga a uno a preguntarse si es que las encuestas se equivocan y la centralidad que desprenden son ilusiones estadísticas basadas en medias aritméticas, pero mi sentido común me dicta que mientras la parte de la sociedad que se implica en política sea tan ínfima, sólo los elementos más radicalizados canalizarán democráticamente el sentir general, provocando tal situación desviaciones tan acusadas como la que estamos viviendo.
La única forma de darle la vuelta a esta situación es no dejando de lado la responsabilidad individual y colectiva como ciudadanos de velar por dejar un mundo mejor a las generaciones venideras, implicándonos en la medida de lo posible en todos aquellos movimientos sociales que luchen por este objetivo. El día que esta concienciación social activa sea mayoritaria, los partidos políticos se alimentarán de ella y evolucionarán hasta ser más representativos del sentir general. Mientras tanto, seguirán jugando a remover las bajas pasiones para pescar votos, acumular poder y vivir en la opulencia a nuestra costa. ¿Hasta cuándo les vamos a dejar?

Daniel Perales es profesor de Primaria